Cada día que corre me permito el lujo de bucear unos metros mas abajo en el el océano de la publicidad. Desde playas desiertas de color hasta caracolas que susurran “claims” hoy me he acercado a las rocas donde los redactores publicitarios, (o “copys” para la mayoría), rebuscan palabras y sonetos para dibujar en nuestras mentes la esencia de las ideas.
Para muchos, el texto que a continuación presentaré no será el tesoro de los bivalvos pero, para mí, será el bautismo en una parte de la publicidad que empiezo a descubrir y que cada día me gusta mas. Y de paso, me estreno en el blog. Perdonen mis pretensiones literarias. Un saludo a tod@s.
“Dios fue probablemente el primer redactor publicitario, el primero en crear el primer anuncio, el más efectivo, el más notorio, el que mayor recordación ha conseguido en la historia de la humanidad, el que más ventas ha logrado, el que ha obtenido la imagen de marca más duradera y todo ello con un solo anuncio: las Tablas de la Ley y sus Diez Mandamientos.(…)
Dios conocía a su audiencia: los hijos de Israel que comenzaban a consumir otros ídolos y a celebrar fiestas adorando animales. Dios tenía un claro objetivo de comunicación: conseguir que los hijos de Israel adoraran a Dios y obedecieran sus preceptos. Dios había resumido sus ideas en diez claros conceptos y realizó una sola campaña y un solo anuncio: las Tablas de la Ley.
Las Tablas de la Ley tenían un titular (Los Diez Mandamientos de la Ley de Dios), una imagen (dos losas de piedra), un slogan (Dios es bueno), y un cuerpo de texto (la enumeración de los Diez Mandamientos).
Además Dios contaba con Moisés, excelente ejecutivo de cuentas que conocía muy bien a Dios y perfectamente al pueblo de Israel. El éxito del anuncio es de todos conocido.”
Castellblanque, Mariano: “Manual del redactor publicitario.” Esic Editorial. 2005.