30 Junio 2008

Los éxitos de Cuatro

Archivado en: Publicidad — Plumilla @ 18:08

Buenas tardes, amigos invisibles, acabamos de recibir el boletín de Sogecable con las grandes cifras de las audiencias de Cuatro tras la emisión de la Eurocopa, donde la selección española de fútbol al fín logró romper su sequía de títulos. Estos son los datos más relevantes.

Casi 7 millones de personas siguieron el partido que enfrentó a nuestra selección con Rusia, alcanzando el 53,9% de share. La retransmisión fue el espacio más visto del día de todas las televisiones con más de 2,5 millones de ventaja sobre el segundo.
El dato de cuota se elevó hasta el 62,3% para el target comercial y la cobertura del choque se sitúo en más de 12 millones de personas.
(Fuente: TNS. Target comercial: individuos 16-54 años, menos Baja y +10.000. Partido España-Rusia: 10-06-2008)  
El partido España- Suecia marcó el mejor registro de CUATRO de toda la temporada con 7.262.000 espectadores y un 58,4% de share. Los hombres comerciales vibraron de forma especial: 74,4% de share y un rating publicitario del 14,0%.
(Fuente: TNS. Hombres comerciales: hombres 25-54, menos Baja y +50.000 hab. Partido España-Suecia: 14-06-2008)  
El partido España-Grecia volvió a batir los registros anteriores y superó los 7,5 millones de espectadores (49,3% de cuota). Más de 11 millones de espectadores se emocionaron con el gol de Güiza.
(Fuente: TNS. Partido España-Grecia: 18-06-2008)
La siempre temida Italia puso a prueba el juego español  y el partido superó los 11 millones de espectadores. En la prórroga, más emoción y, claro, más de 14 millones. Y en los penaltis, llegó la emisión más vista de la televisión en España: 15.372.000 personas y un 77,5% de cuota.
(Fuente: TNS. Emisiones contempladas desde que se miden las audiencias en España. Partido España-Italia: 22-06-2008)
6 de los 10 spots más vistos en la historia de la televisión se emitieron ese mismo día.
(Fuente: TNS. Emisiones contempladas desde que se miden las audiencias en España.)
Después llegó Rusia, la audiencia alcanzó los 12.870.000 espectadores y se convirtió de nuevo en el partido más visto en la historia de la televisión. Los públicos hombres comerciales y jóvenes superaron el 80% de cuota y el 22% de rating publicitario. Y por si fuera poco, el gol de Silva superó los 17 millones de espectadores y, también, pasó a la historia por ser el minuto más visto jamás.
(Fuente: TNS. Emisiones contempladas desde que se miden las audiencias en España. ¹ Hombres comerciales: hombres 25-54, menos Baja y +50.000 hab. ² Jóvenes: individuos 13-24. Partido España-Rusia: 26-06-2008)
Y alcanzada la final, el encuentro con Alemania dispuso de un 80,9% de cuota y 14.482.000 de espectadores, el partido volvió a convertirse en el más visto en la historia de la televisión. Al acabar el partido llegó la fiesta española y el minuto de oro: más de 17 millones de espectadores con un 88,6% de cuota. Con el 35,0% de share, CUATRO registró el mejor dato de una cadena en el día desde hace 6 años. Y, una vez más, los públicos hombres comerciales¹ y jóvenes² volvieron a ser los más apasionados de la roja con datos cercanos al 90% de cuota.
(Fuente: TNS. ¹ Hombres comerciales: hombres 25-54, menos Baja y +50.000 hab. ² Jóvenes: individuos 13-24)
 

24 Junio 2008

Una fábula de un talentoso escritor

Archivado en: General — Monchito @ 21:38

Este año de nuevo, hemos recibido de nuevo del buen amigo, éste sí visible, Joaquín Osoro Barro, su última creación literaria, creemos que es mejor dejarte que lo leas y lo disfrutes. Y dice así…

El tesoro del Authority
 

 

 

         Introducción.
 

         Estamos en el año 1806: el Authority, el buque insignia de la armada del rey británico George II, parte del puerto con destino a las Américas para llevar armas a los soldados que resisten a los franceses y norteamericanos , puesto que los norteamericanos están expulsando a los británicos para lograr la independencia de su país. Una de las misiones del Authority es recoger los impuestos de los pueblos indígenas recién conquistados. Al cabo de siete meses el Authority llega a las Américas y deja las armas para volver con sus bodegas repletas de oro. Alrededor de nueve meses después, el barco no ha llegado aún a puerto y se teme lo peor: atacados por piratas, abarrancado en los arrecifes, un motín a bordo… Y se olvida por completo… Hasta hoy.
 

 

         Beltrán es un niño de casi doce años de una familia muy buena y respetada de Madrid; además los “Delor” (el apellido de su familia), llevan valor en la sangre. Beltrán Delor era muy inteligente y no hacía nada sin pensárselo dos veces. Sus amigos le llamaban Beltrán Valor. Tenía los ojos azules, usaba gafas y tenía el pelo liso marrón claro. Medía 1,45 y tenía chispa en sus ojos. Beltrán era de esa clase de chicos al que mandas cualquier cosa y consigue hacerla como sea. Era un chico del que te podías fiar. A Beltrán le gustaba la historia y no había casi nada que no supiera sobre ella.
 

Un día, para ser más concretos un 14 de Marzo, en Semana Santa, se iban a ir a Londres de vacaciones. Llegó la hora y se fueron al aeropuerto. Allí cogieron el avión de la compañía “Wagner” con destino a Londres. El viaje duraba dos horas y media, y mientras, para no aburrirse, Beltrán se puso a leer un folleto arrugado:
 

Compañía Wagner
 

El señor Robert Wagner, excelentísimo presidente de la compañía, ha estado en varios países del tercer mundo para ayudarles con el15% de todas sus ganancias. También está muy interesado en la historia y se pasa muchas horas en la biblioteca nacional británica.
Este afirma que ha descubierto un secreto muy bien guardado y de vital importancia.
 

 

Beltrán dejó de leerlo y se interesó por el afán de Wagner en pasarse horas y horas en la biblioteca y se dijo:
- Un secreto de vital importancia… muy bien guardado… me interesa saberlo.
 

Después de tanto pensar, se durmió. Se despertó por un ruido en los oídos, era insoportable y le pitaban con ganas. Abrió los ojos y oyó la voz de su padre diciendo:
 

         – ¡Venga, dormilón, has estado casi una hora durmiendo!, pero venga, ponte el cinturón que estamos aterrizando. Si te pitan los oídos, masca este chicle, te lo quitará.
 

Beltrán aceptó el chicle. Pasados varios minutos aterrizaron en el aeropuerto de “Gatwick”, en tierras londinenses. Cogieron el autobús y se fueron al hotel.Al día siguiente fueron a visitar la ciudad: vieron el “Big Ben”, las casas del parlamento, el  Buckingham Palace y por último, el Museo Británico.
 

Allí había objetos y esculturas de los romanos, griegos, aztecas…y una sala dedicada al ejército británico de 1800, especial y que quitarían dentro de poco. Sus padres y su hermana Carmen se fueron a ver las partes más antiguas del museo mientras que Beltrán se detuvo más en la parte del ejército británico. Se separaron y Beltrán entró en la sala. Era verdaderamente alucinante. En la sala había desde espadas y pistolas ya anticuadas y con rastros de termitas, hasta la proa cortada de un barco. Empezó a verlo todo: unas pistolas, trajes de todo tipo de rangos militares, espadas…Y se paró en una en concreto: era un sable de doble filo con una empuñadura negra con filamentos enroscados en espiral de oro macizo. Era preciosa y se entretuvo en leer la placa:
 
“Esta espada perteneció a Charles Richardson el almirante y capitán   del barco “Authority”. Fue ornamentada en Londres y creada en las Américas. Murió en extrañas circunstancias.”
 

Beltrán siguió caminando pero al darse la vuelta con el codo dio al cristal y pasó lo peor: el cristal se hizo añicos y la espada cayó hacia delante. A Beltrán le empezó a dar vueltas el estómago y empezó a ponerse blanco, no tenía arreglo y toda la sala estaba llena de cristales. Pero oyó un ruido como el de destapar un tapón de colonia. Se dio la vuelta y vio algo que hasta le asustó. La empuñadura de la espada tenía un tapón al final y este se había destapado. Beltrán cogió la espada y metió el dedo. De pronto salió un papelito arrugado con una caligrafía típica del siglo XVIII en el que estaba escrito:
 
El Authority, mi gran barco, lleva a bordo 100.000 kilos de oro puro. Pero nos ha aparecido un problema: hemos encallado en unos arrecifes de la isla de (…)estminster abb(…) enta(…)
 
Beltrán observó la cara posterior de la extraña nota y vio que estaba quemada. Había palabras cortadas por rastros de fuego. Se asustó y pensó:
 

         – Cien mil kilos de oro… ¡eso es suficiente para casi siete vidas! Pero, ¿cuál será la isla esa? ¿Qué significa…ensmister abb…?
 

Un ruido le sacó de sus pensamientos. Alguien empezó a gritar:
 

         – ¡La espada!… ¡el cristal!
 

Beltrán tomó las de Villadiego y se marchó de la sala. Cuando salió, mucha gente estaba en la puerta principal gritando y muchos policías irrumpieron en la sala. Beltrán, sin embargo, salió por la puerta trasera sin ser visto. Se dirigió a la protegida puerta principal como un curioso y allí vio a sus padres con su hermano. Se acercó a ellos y les dijo:
 

         – ¿Qué ha pasado aquí?
         – ¡Ah! Hola hermanito, ¿qué te ha pasado? – Contestó su hermana Carmen – ¿no estabas dentro?
         – No, salí hace rato.
         – ¡Hola hijo, creíamos que estabas dentro!
         – No, mamá, salí hace apenas diez minutos.
         – Bueno – contestó su padre- vámonos al hotel.
 

Se fueron al hotel y comieron, y luego dijeron:
 

         – ¡Venga! Iremos a la noria gigante…
         – No – dijo Beltrán – ir vosotros, yo iré a la biblioteca nacional.
 

Y sin que sus padres dijeran nada, dijo adiós y se marchó. Estaba claro, encontraría más información en aquella biblioteca, que según los expertos, había todo lo que necesitaras. Pasó un rato caminando y entonces entró en un gran edificio, que era la biblioteca.
 

Pasó mucho rato buscando pero lo único que encontró fue una carta del rey George II diciendo que se había perdido el barco Authority y que no se sabía como podía haber llegado a suceder. Pero encontró una cara que ya había visto antes: era Robert Wagner que estaba leyendo un grueso libro. Este aún estuvo un buen rato más pero por fin se marchó, Beltrán cogió su libro y leyó el título: “Tragedias marítimas”. Buscó en la “A” y vio una página con la esquina superior derecha doblada, como si a alguien le interesara esa página. Sin que nadie le viera, abrió el libro y encontró lo que buscaba. La página decía:
 

“El Authority (barco del siglo XIX): no tenemos datos precisos de su hundimiento, pero lo cierto es que no llegó a puerto. Se cuenta que su capitán se salvó y legó su espada a su hijo, y así hasta ahora, que el descendiente de este capitán la ha donado para una exposición del British Museum de Londres.”
 

Beltrán se quedó sorprendido; no era el único que sabía el secreto y, además, Wagner no tardaría en saber que él tampoco lo era.
 

Beltrán pensó sobre el tema: al British Museum ya había ido y había encontrado la espada con la nota, pero todo lo demás ya lo sabía. Volvió al hotel y se encontró con sus padres. Les explicó que había estado en la biblioteca leyendo, pero prefirió no contarles lo ocurrido porque… ¿Quién le creería? Prefería seguir este tema solo.
Entró en su cuarto y se tumbó en la cama. Estaba  confuso, no tenía donde seguir buscando y Wagner, viendo que la espada se había caído, se daría cuenta de que alguien seguía la pista del Authority. De repente, su hermana Carmen irrumpió en la habitación. Beltrán se asustó, su hermana le estaba mirando con una mirada fulminante, la misma que había utilizado cuando Beltrán le había gastado una  inocentada. Antes de que Beltrán pudiera decir nada, su hermana le dijo rápidamente:
 

- ¿Qué te pasa?
- ¡Nada! – contestó Beltrán – sólo…
- No me mientas hermanito, ¿desde cuándo te molestas en ir a la biblioteca?
- Es que…
- Dime lo que pasa o, si quieres, les cuento a nuestros padres que casi te cargas una espada en el museo.
- ¿Cómo lo sabes?
- Era evidente.
- ¿Se lo dirás a alguien?
-  Seré muda como una tumba.
 

Entonces Beltrán le contó todo lo que él ya sabía.
 

- No me cuentes cuentos chinos…- le dijo Carmen.
- ¡No estoy mintiendo! – le interrumpió Beltrán.
- Me voy a dormir – dijo Carmen – creía que dirías la verdad.
- Yo también me voy a dormir.
 

A la mañana siguiente Beltrán bajó al comedor. Sus padres, para dar conversación, empezaron a decir lo sitios donde irían aquel día.
 

- Pues bien, hoy visitaremos “Westminster Abbey”, después “Hyde Park”, luego…
-¿Cómo has dicho? – dijo repentinamente Beltrán.
- Que pasaremos por “Hyde Park”…
- No, ¿qué dijiste antes?
- Pues…dije “Westminster Abbey”…
- ¡Un momento!
 

Beltrán salió del comedor corriendo y subió a su habitación. Una vez allí, abrió el cajón de su mesita y sacó la nota que había encontrado en la espada. Ponía: (…)estminster abb(…)No podía ser otra cosa, algo había en Westminster que tenía que encontrar, pero…¿qué era eso?.
 

Bajó corriendo al comedor, se sentó y les dijo a sus padres:
 

- ¿Qué es Westminster Abbey?
- Es donde están enterrados los reyes y las personas famosas de Inglaterra – contestó su hermana – creía que lo habías leído en la biblioteca.
 

Ese tono a Beltrán no le gustó nada, pero lo ignoró y les dijo a sus padres:
 

- ¿Podemos ir antes allí?
- Si tú quieres…- contestaron sus padres.
 

Al cabo de un rato, ya estaban en el taxi. Llegaron y contemplaron aquella abadía. Entraron por su magnífica puerta y se asombraron: era como una galería larga con grandes estatuas de guerreros, otras con personas escribiendo…
 

Empezaron a caminar por la amplia galería de estatuas. Beltrán volvió a separarse del grupo, pero esta vez Carmen se fue con él. Empezó a buscar algo, pero nada le sonaba. Su hermana se había parado a mirar una estatua. Él se dio la vuelta y le dijo a Carmen:
 

- ¿qué pasa aquí?
 

Beltrán se quedó alucinado. Era la estatua de Charles Richardson, el comandante del Authority. Era imponente, estaba de pié con un pergamino en la mano y un pié encima de una maqueta de un barco. Beltrán se acercó al letrero y leyó en voz alta:
 

“Charles Richardson, gran comandante del ejército en las Américas. Más tarde comandante en jefe del barco Authority.”
 

Carmen no sabía qué decir. Todo lo que había dicho su hermano era cierto. Beltrán le dijo a su hermana:
 

         – ¿Me crees ahora?
         – Lo siento…
         – No pasa nada. Ayúdame a buscar algún indicio.
 

Empezaron a dar vueltas a la estatua intentando buscar algo, pero no encontraron nada hasta que…
 

         – ¡Lo encontré! – dijo Carmen – Mira en el pergamino que lleva en la mano.
 

Beltrán se acercó a la estatua y leyó en el pergamino:
 

         – ¡Es una longitud! – dijo Beltrán – apuesto lo que quieras a que ahí está…
 

Los dos hermanos se miraron rebosantes de alegría. Empezaron a saltar y dijeron:
 

         – ¡Lo hemos encontrado!
 

Un matrimonio que pasaba por ahí, al verles, retrocedieron creyendo que estaban locos. De repente, aparecieron unos hombres con unos chaquetones negros y sombreros del mismo color. Beltrán y Carmen dejaron de saltar y les miraron. Eran tres hombres, uno bajito y los otros dos grandes y fuertes. El bajito rompió el silencio y les pidió que les acompañaran. Los dos hermanos se quedaron quietos por el miedo.
 

         – No es una sugerencia – volvió a decir el hombre.
         – ¿Y si nos negamos? – contestó Beltrán.
         – No os negaréis – respondió el hombre.
 

Entonces sacó una pistola del bolsillo. A Beltrán y a Carmen les pareció mejor seguirles. Los hombres les llevaron a una sala donde había estanterías repletas de libros los cuales tenían los nombres de las personas enterradas allí. Había mesas pero todas vacías excepto una en la que estaba una cara familiar para Beltrán. Era Wagner. Beltrán y Carmen  se echaron hacia atrás sorprendidos y antes de que pudieran decir nada Wagner dijo:
 

         – Sé lo que buscáis pero no lo conseguiréis.
         – Le denunciaremos – dijo Carmen – no puede hacer eso.
         – ¿Y a quién se lo vas a decir, niña? – preguntó
         – Pues…
         – Ahórrate los comentarios, porque vendréis conmigo – cortó Wagner.
 

Después de esto, los hombres vestidos de negro les llevaron a un coche y en él al aeropuerto. Tras bajar del coche, siguieron a Wagner hasta una avioneta. Se metieron sin decir palabra y se sentaron en la bodega.
 

El vuelo duró tres largas horas y durante ellas Carmen estuvo durmiendo, mientras que Beltrán intentaba escuchar las conversaciones de los pilotos con Wagner, que por lo visto, sólo dijeron las coordenadas del lugar tan deseadas que les harían ricos.
 

Al llegar aterrizaron en una playa y los hombres de Wagner les sacaron de la bodega y les guiaron fuera. Era una isla preciosa, con grandes arrecifes y preciosas y altas palmeras. Dos hombres les pusieron las pistolas en las espaldas de nuestros amigos, indicándoles que avanzaran. Caminaron durante diez minutos y entonces Wagner empezó a dar vueltas sobre sí mismo diciendo:
 

         – ¡Debería estar aquí!
 

Wagner sacó una pistola del bolsillo y, apuntando a Beltrán, dijo:
 

         – ¿Dónde está?
         – No lo sé – respondió Beltrán.
         – ¡Dímelo!
         – Te repito que no lo sé.
 

Wagner dio una patada a una piedra que tenía al lado y dio órdenes de seguir buscando. Al cabo de una hora, los dos bandos estaban desilusionados: no lo habían encontrado. Wagner habló en voz alta y dijo:
         – Vámonos, era todo una farsa.
         – ¿Y los niños? – preguntó el guardaespaldas.
         – Dejarlos aquí – respondió Wagner.
 

Beltrán y Carmen salieron corriendo intentando subir al avión, pero les alcanzaron y les tiraron al suelo. La avioneta despegó al poco rato. Estaban solos en una isla extraña, que parecía desierta, y sin haber encontrado el Authority.
 

Empezaron a dar vueltas por la playa. Notaron que bajaba mucho la marea, que dejaba ver los puntiagudos arrecifes. De repente, Beltrán miro arriba de la colina y vio un pueblo, ¡había vida!, ¡Estaban salvados!, podrían avisar a sus padres. Beltrán le dijo a su hermana:
 

         – ¡Carmen, hay un pueblo allá arriba!
         – ¿Carmen?, – preguntó Beltrán, puesto que no le había dicho nada.
 

Beltrán se dio la vuelta. Su hermana estaba mirando algo en los arrecifes. Había bajado mucho la marea y entre las rocas asomaba lo que parecía el bauprés de un barco. Los dos se miraron y asintieron con la cabeza. Se acercaron saltando entre las rocas. Ya cerca vieron un gran barco con una proa más que magnífica, unos mástiles caídos y toda la cubierta del barco y las portillas de los cañones repletas de monedas, lingotes de oro,… Y había escrito, con filamentos de oro, un nombre en la proa:
 
Authority
                                                                                              FIN
 

23 Junio 2008

Rugen los leones

Archivado en: Publicidad — Plumilla @ 9:43

Y no nos referimos a los de San Mamés, hemos conocido a través de Anuncios algunos de los premiados en Cannes 2008. Cuatro leones componen el resultado español en la sección de Film. One day, la película de Publicis para Dacia Logan fue premiada con una plata, y estuvo acompañado en el palmarés por La clave Reserva, el trabajo de JWT y Martin Scorsese para Freixenet, que consiguió dos platas (en las categorías películas para internet y películas integradas), y por otra campaña de Publicis, Neverending road para Renault, (ya saben, el piano de Richard Clayderman) que ganó un bronce. Por países, España se colocó en el palmarés por detrás de los grandes dominadores, Estados Unidos (38 leones) y Reino Unido (19); de Francia y Argentina, que tuvieron 6 cada una, y empatada con Australia, que también consiguió 4 metales. 

16 Junio 2008

Gracias, Manolo

Archivado en: General — Plumilla @ 13:39

manolo.jpg Por hacer tan feliz a toda la familia rojiblanca.

14 Junio 2008

Publicidad radical

Archivado en: Publicidad — Plumilla @ 17:35

Es el título de la exposición que se puede visitar en Dusseldorf, Alemania, hasta el próximo mes de Agosto. Como la desaceleración no nos permite a muchos visitarla,tenemos ocasión de disfrutarla online, te dejo un pequeño adelanto. http://www.radicaladvertising.de.

calvin-klein.bmpbenetton.bmp

Página siguiente »
Siguenos en Facebook Grupo Practyco. Siguenos en Twitter Grupo Practyco. Siguenos en Youtube Grupo Practyco. Siguenos por RSS